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Ángel Matas

Resulta complicado mantener los mismos modelos de gestión o producción que nos han servido hasta la fecha sin estar atentos a los cambios que están alcanzando a nuestra economía y que si aún no han llegado a manifestarse plenamente suponen señales evidentes de un futuro totalmente distinto.

Hace unos años tuve conocimiento del concepto de “innovación frugal”. Ha supuesto, y parece no tener en esta década fecha de caducidad, uno de los giros más espectaculares de la economía actual que se suma a un club selecto de disruptivos como los ciclos de valor o el long tail.

Me llamó la atención ese concepto porque prueba que la tan recurrida – y necesaria – bajada de precios para competir puede resultar una quimera. La “innovación frugal” establece que ya no será suficiente para competir y fidelizar al cliente aquel paradigma porque habrá competidores que aplicarán reducciones de precio tan radicales – consecuencia de importantes aplicaciones técnicas o tecnológicas – que ese elemento diferenciador será irrelevante por sí solo. Dos ejemplos a los que podemos recurrir como argumento son los coches Tata cuyo precio no alcanza los 3.000 euros o una línea de neveras – también hindú – que ya actualmente se pueden adquirir por menos de 95 dólares.

De nuevo un elemento clave va a resultar esencial para competir: la diferenciación. Acertar con el segmento de mercado y diferenciarse ofreciendo tal grado de satisfacción al cliente que le cueste abandonar nuestro barco va a resultar casi en exclusiva el elemento de anclaje permanente.

Esta diferenciación – que se traduce siempre en la búsqueda de la satisfacción – nos exigirá garantizar que en toda la cadena de encuentro del cliente con nuestro producto o servicio ofrecemos un altísimo grado de satisfacción. Es decir, ya no sólo es ofertar un producto o servicio óptimo en calidad y prestaciones, por ejemplo, es necesario garantizar que en las fases de compra, mantenimiento o  vida final del mismo se garantizan aspectos como la comodidad en el acceso, el valor permanente, la simplicidad, etc.

En definitiva, la visión de la dimensión real de nuestro producto o servicio va a resultar cada vez más especializada pero no solo en un aspecto puntual sino en un abanico de experiencias con las que el cliente se encontrará antes, durante y después de disfrutar del mismo. De esta manera podremos superar el riesgo del ataque mortal de la innovación frugal. En este sentido el trinomio observación – conocimiento – creatividad garantizará el futuro de nuestros negocios de cara a conquistar la diferenciación. ¿Estamos preparados para ello?

4 marzo, 2017

“Innovación frugal o la dieta saludable de nuestros negocios”

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1 marzo, 2017
Todos los grandes descubrimientos proceden de un viaje interior profundo (W. Brian Arthur).
22 febrero, 2017
“Todas las piezas deben unirse sin ser forzadas. Debe recordar que los componentes que está reensamblando fueron desmontados por usted, por lo que si no puede unirlos debe existir una razón. Pero sobre todo, no use un martillo” (Manual de mantenimiento de IBM, año 1925)
18 febrero, 2017

“Comprando creatividad en el mercado de hábitos”

Soy un convencido de que un escenario ideal, sino el principal, para llevar a cabo avances creativos en los modelos de negocio o en la generación de modelos disruptivos, se encuentra en el tratamiento de los hábitos. En palabras de Charles Duhigg un hábito es un “pensamiento, una emoción o una rutina preexistente, conocidos o no por el propio individuo, que le predisponen a repetir una acción”. Las empresas negocian insistentemente, seamos conscientes o no de ello, con nuestros hábitos en un enclave innato al ser humano que yo denomino “mercado de hábitos”.   Los hábitos, por un lado, enganchan […]